Revalorizar el trabajo en una industria colapsada

By Atnyel A. Guegj

5 months ago

Fotos 1 y 3 gentileza de Lucho Gargiulo de ‘Qué digital’.
Foto 2 (cita) gentileza  Sindicato Argentino De Trabajo a Domicilio Textil y afines.

Por: Victoria Zaccari

Cuando hablamos de empatía -en diversas situaciones de nuestra vida cotidiana-, generalmente se trata de ponernos en el lugar de otras personas que forman parte de nuestro entorno (vínculos afectivos, laborales, de estudio o co-ciudadanos). Esto está bien, si queremos lograr una buena convivencia. Pero si lográramos expandir nuestra empatía (no por caridad o pena) hacia personas con quienes jamás nos cruzaríamos, estaremos mejorando nuestra humanidad.

 

Fashion Revolution alza su voz durante la semana del 24 de abril. Pero se manifiesta todo el año. Porque todos los días funciona la industria del vestir y el sistema de la moda. Todos los días nos vestimos y, lamentablemente, todos estos días existe gente maltratada, explotada y degradada para que un sector de la humanidad pueda llevar las prendas que más le gusten.

 

Desafortunadamente, son varios los países que involucran trabajo forzado e infantil en la producción de fibras textiles y vestimenta. Algunos, ya los conocemos. Son los productores del sudeste asiático, y generalmente son países cuya economía se asienta sobre esta actividad: Bangladesh, China, India, Malaysia, Tailandia, Vietnam, además Burma y Turquía. Sin embargo, también en Brasil y Argentina se produce con trabajo forzoso. Según el reporte de 2018 sobre trabajo infantil y forzoso del Departamento de Trabajo de Estados Unidos:

 

Existen informes que señalan que niños bolivianos son forzados a producir prendas de vestir en talleres informales en la Ciudad de Buenos Aires y sus municipalidades circunvecinas. Según medios de comunicación, ONG y funcionarios gubernamentales, algunos niños bolivianos son víctimas de la contratación engañosa y de la trata, con falsas promesas de condiciones laborales dignas y salarios justos. Una vez llegan a la Argentina, estos niños tienen restringida la libertad de movimiento, se les confiscan los documentos de identidad, viven y trabajan en fábricas bajo llave y tienen demasiado miedo a irse debido a las amenazas de encarcelamiento. Algunos acaban en régimen de servidumbre, endeudados por tarifas que les cobraron para el transporte a la Argentina, y tienen prohibido dejar sus puestos de empleo durante años hasta pagar la deuda por medio de deducciones salariales. Estos niños sufren malos tratos físicos y verbales por parte de sus empleadores y sólo reciben una comida diaria. A algunos niños se les fuerza a trabajar un exceso de horas, hasta 20 por día.

Sin embargo, este panorama general, no contempla a las personas que producen desde su domicilio, cuya situación no siempre es tan extrema (en lo que a esclavitud respecta). Durante mi charla con Julia Egan(1) , Asesora Gremial y Representante del Sindicato Argentino De Trabajo a Domicilio Textil Y afines(2) en CABA Y Gran Buenos Aires, pudimos abordar diferentes aspectos de la situación de las personas que trabajan en la producción de vestimenta en Argentina. Ella remarcó que “no todos los trabajadores son esclavos” sino que esa es una de las condiciones en las que se pueden encontrar muchos trabajadores dentro de esta industria, sin embargo no es la problemática de los trabajadores domiciliarios.

El trabajo a domicilio actualmente está absolutamente desregularizado. Es una de las formas de trabajo que resulta más conveniente al sistema productivo actual, ya que permite que se produzca mayor cantidad, en menor tiempo e invirtiendo el mínimo de capital. Todo esto, sin presión externa, ya que como el pago se realiza por prenda, el mismo trabajador decide trabajar extensas jornadas para lograr un ingreso que le permita vivir. Sin culpabilizar al empresario le conviene tercerizar la producción (que en este rubro es estacional) en lugar de invertir en personal y maquinarias, lo que implicaría asumir responsabilidades legales, sociales y económicas, lo que no haría tan redituable el negocio.

En Argentina, la carga impositiva sobre el trabajo formal asciende al 34, 6% del salario –según un informe de la OCDE(3)– , mientras que el promedio en el resto de Latinoamérica es del 21,7%. Esto hace aún más difícil promover e impulsar una cultura de formalización laboral, ya que la mirada está puesta sobre el capital económico. De hecho, el 85% de los trabajadores está sin formalizar.

Según Egan, “no es suficiente concientizar a consumidores sobre lo que hay detrás de la elaboración de sus prendas”, ya que se tiende culpabilizar a empresarios y grandes marcas por esta situación, cuando en realidad formamos parte de un sistema que exige este formato productivo. El trabajo a domicilio en la industria del vestido tiene sus orígenes en el siglo XIX y continúa teniendo gran participación actualmente, en países latinoamericanos como Perú, Chile y Argentina. Y si bien la diseminación de los trabajadores  (debido a que se encuentran en sus dimicilioss) no facilita la organización en agrupaciones para compartir experiencias y problemáticas del sector, en Argentina existieron varias organizaciones anteriores a este sindicato, por ejemplo la Federación Obrera Nacional de la Industria del Vestido y Afines (FONIVA).

En esta realidad, el Estado es quien debería actuar como controlador y regulador en lo que respecta al trabajo formal dentro de la industria del vestido. Ya sea en talleres de producción, como en talleres familiares, o domiciliarios. Egan define a este Estado como cómplice, al no poner en cumplimiento la ley 12.713, que establece desde 1941 la obligatoriedad del registro de obreros, dadores de trabajo, talleristas e intermediarios y al ignorar que se debe registrar el trabajo.

Para contrarrestar esta situación, se propone que el Estado tome acción en ello, no sólo registrando el trabajo y a los trabajadores, sino por ejemplo, realizando acciones que integren el trabajo textil al servicio de instituciones y/o organismos estatales. Sería un gran avance, que el Estado nacional cuente con producción textil y de indumentaria propia.

Por mi parte, también creo que una decisión por parte de todas las personas es modificar el foco y orientar la comunicación a trabajadores del sector. Aprender a colaborar como marcas y emprendedores, en red. No sólo eligiendo trabajadores y talleres formales, sino promover el registro de todas las personas que trabajan en el sistema productivo. Ser activos en la transparencia.

Si formás parte del sistema productivo como marca, diseñador/a sos responsable por lo que producen tus colegas (desde los emprendedores hasta las más grandes empresas), los proveedores, y consumidores. Somos parte de la trazabilidad completa. Es nuestra responsabilidad pensar y realizar acciones que transformen lo que ya existe, en lugar de pretender eliminarlo.

Es tiempo de unirnos como comunidad y pasar de la pregunta a la acción. Cuestionar es crear. No esperar a que las instituciones hagan o deshagan los cambios. Generemos contactos y hagamos red para mejorar lo que existe hoy.

(1)Argentina, licenciada en Sociología y doctoranda en Historia por la Universidad de Buenos Aires. Becaria
doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) e investigadora del
Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales (CEICS). Ha realizado su tesis de doctorado acerca
de la evolución del proceso de trabajo y las condiciones laborales en la industria del vestido del Gran Buenos
Aires, Argentina
(2) Sindicato Argentino De Trabajo a Domicilio Textil Y afines fue fundado en 2016. Conformado en la Ciudad de
Mar del Plata, provincia de buenos aires. Su Secretaria General es Mónica Basterrechea.
(3) Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) promueve políticas para mejorar el
bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo. Mide la productividad y los flujos globales
del comercio e inversión. Analiza y compara datos para realizar pronósticos y tendencias. Fija estándares
internacionales dentro de un amplio rango de temas de políticas públicas y ofrece un foro para que los
gobiernos puedan trabajar conjuntamente a fin de compartir experiencias y buscar soluciones a los problemas
comunes. Actualmente la integran 36 países.

Por: Victoria Zaccari