Un lujo en decadencia.

By Fashion Revolution

6 years ago

Conmoción causó hace unas semanas, la información que la marca de lujo Burberry, quemó el 2017 £28.6 millones en mercancías nuevas, entre ropa, accesorios y perfumes, según su informe anual; £88.8 millones en los últimos cinco años. Si bien esta es una practica común en la industria, no es aceptable que esto deba seguir sucediendo; dado las nuevas necesidades cambios en el mercado y la demanda por mayor transparencia y sostenibilidad por parte de las personas que consumen, hacia las marcas. Un portavoz de la compañía dijo que, la energía generada por la quema de sus productos fue almacenada para que el proceso fuera amigable con el medio ambiente y que en los casos en que es necesario deshacerse de los productos, lo hacen de manera responsable, buscando constantemente formas de disminuir sus residuos. Sin embargo el hecho de incinerar productos no sólo de alto valor económico sino también de manufactura, genera un dilema ético profundo en una sociedad que enfrenta el cambio climático y nuevos paradigmas que cuestiona la sobre producción y el consumismo.

Burberry ha justificado la quema de productos, como una forma de protegerse de la venta en mercados de descuento, para evitar devaluar la marca. Pero, si el objeto de una marca de lujo es proporcionar productos y experiencias únicas, con atención al proceso, los detalles y la calidad ¿no es acaso un despropósito total para cualquier marca, hacerlas arder en pilas para producir energía?

Hay 101 procesos que intervienen en la fabricación de una prenda, desde la cosecha de plantas para fibra cruda, hasta el procesamiento y acabado de hilos textiles que involucran miles de litros de agua. También hay cientos de horas de trabajo humano para dar vida a cada producto, muchas veces en condiciones precarias.

La sobreproducción de bienes, particularmente en la industria de la moda, es una consecuencia perversa del interés por generar utilidades con base a las expectativas de mercado. La especulación financiera para valuar las marcas es, irónicamente, humo que no genera valor real y cuyas consecuencias crecen progresivamente en detrimento de las condiciones humanas y medioambientales.

Necesitamos gobiernos corporativos tan preocupados de la sostenibilidad socioambiental como de la financiera, que se traduzca en una transparencia y trazabilidad que reflejen un esfuerzo estructural por mejorar el desempeño del negocio.

Cada año producimos de 100 a 150 mil millones de prendas de vestir y como resultado directo, estamos viendo enormes cantidades de excedentes en toda la cadena de suministro de la industria de la moda, es por lo que necesitamos abordar este problema en la fuente; demandando una mayor transparencia en toda la cadena de suministro de la moda. Llama la atención que Burberry, obtuvo un puntaje razonablemente bueno en nuestro Fashion Transparency Index 2018, publicado en abril y ha liderado muchas buenas iniciativas de sostenibilidad. Pero la industria de la moda necesita invertir más en eficiencia; se habla mucho de circularidad y de sistemas de cerrados, pero todavía no estamos cerca de soluciones reales y efectivas.

La falta de transparencia en la cadena de valor nos impide ver exactamente cuánto desperdicio y excedente se crea, dónde se produce, cómo se elimina y el impacto que tiene en el medioambiente. Sólo centrarse en la reutilización o el reciclaje, no es suficiente. Se necesita una mirada integral del proceso.

En Chile el desafío es aún mayor. La falta de transparencia de las empresas locales impide conocer cuánto y en qué forma son dispuestas las mercancías que no son vendidas, nada de esto aparece en informes financieros ni reportes de sostenibilidad. En algunos casos se promueven y comunican campañas de reciclaje, pero estas cifras corresponden a ropa que las y los consumidores entregan voluntariamente, y no necesariamente de la misma marca. Además, no tienen un sustento en una estrategia clara de ciclo de vida de los productos, ni modelos de negocio de economía circular que los respalde. Necesitamos gobiernos corporativos tan preocupados de la sostenibilidad socioambiental como de la financiera, que se traduzca en una transparencia y trazabilidad que reflejen un esfuerzo estructural por mejorar el desempeño del negocio.

También hacen falta mayores acciones con respecto a la formulación y acción de políticas pública. La información disponible está absolutamente desactualizada. Incluso para el estudio de caracterización de residuos (2011), que fundamenta la ley R.E.P, los textiles componen el 2% del total dispuesto en rellenos sanitarios en la Región Metropolitana, misma cifra que aparece en el informe del 2001 de la CONAMA. Cabe destacar que, a nivel global, hoy producimos 400 veces más prendas que hace veinte años y el 70% de los materiales de confección provienen de fibras sintética. El daño medioambiental de la microfibra presente en estos textiles es tan nocivo como el de las bolsas plásticas. La falta de información dificulta la generación de normativas que permitan regular estos residuos.

 

Como consumidores y consumidoras, debemos establecer una conversación diferente con las marcas, exigir mayor responsabilidad y transparencia. Mejorar la forma en que compramos, cuidamos y desechamos nuestra ropa es responsabilidad de todas y todos, y requiere un cambio en nuestros hábitos personales de compra. Descuidar la preservación del medioambiente, no es un lujo que nos podemos dar. No más.

 

Imágen de portada:  Instalación “No Man’s Land” por Christian Boltanski